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UN FIN A LA VIDA, UN FIN A LA ESPERANZA:“EL PROSCENIO ACTUAL DEL SUICIDIO”

Por: Narda Najar (@leadmezaniah) y Maricielo Guillén (@maguini_)


Ningún otro grupo de condiciones de salud se aproxima a los problemas de salud mental en relación con la prevalencia, persistencia y amplitud de los daños que pueden causar; lo que requiere el compromiso de salud pública más inaplazable de nuestra generación. En las últimas décadas sobre cómo vemos y tratamos a la salud mental, surgió como respuesta compulsiva la figura del suicidio, que se enmarca como el acto individual con el propósito de acabar con la propia vida. En ese sentido, nace el suicidio como un problema de salud en todo el mundo, una perturbación, un problema grave para los psicoterapeutas, psicólogos y otros especialistas involucrados en el bienestar psicológico de los jóvenes; y además es considerada como la tercera causa de muerte entre los adolescentes y jóvenes.


El suicidio, la intención de muerte y la salud mental

En primera instancia, la intención de muerte y la salud mental están ligadas como una respuesta compulsiva donde surge la ideación suicida, misma que refiere a pensar o planificar el suicidio, puesto que los pensamientos se encuentran en un marco continuo de severidad, desde un deseo de morir sin método, plan, intención o comportamiento hasta la ideación suicida activa con un plan e intención específicos.


La conceptualización del suicidio radica en un acto individual, siendo una muerte causada por un comportamiento perjudicial autodirigido con la intención de morir a causa del comportamiento (Ballesteros, y otros, 2010, pág. 530). Un intento de suicidio es un comportamiento no fatal, autodirigido y potencialmente dañino con la intención de morir a causa de dicho comportamiento. Los intentos de suicidio anteriores aumentan significativamente el riesgo de muerte por suicidio de un joven; y a menudo, conducen a intentos de suicidio posteriores y más letales.


Conforme a ello, la salud mental en el marco del suicidio yace por la ideación suicida que también puede asociarse con trastornos del estado de ánimo y abuso de sustancias. Los estudios muestran cómo la depresión, la ansiedad, los sentimientos de tristeza y la desesperanza, también entre los niños y jóvenes, están asociados con la ideación suicida y los intentos de suicidio. Pineda (2013) estipula que “la ideación suicida, las autolesiones y los intentos de suicidio son más comunes que la muerte por suicidio en los jóvenes y se asocian con varias otras consecuencias negativas” (pág. 344). De esta forma, se consideran los trastornos mentales comórbidos, resultados educativos y vocacionales deficientes, y muerte prematura por otras causas.


Asimismo, la violencia en el grado del suicidio se destaca por la autolesión como un comportamiento autodirigido y que deliberadamente provoca lesiones o la posibilidad de lesionarse uno mismo, ese término es conocido como violencia autodirigida que abarca las autolesiones suicidas y no suicidas, y las autolesiones con intenciones poco claras. De igual forma, se distingue de un intento de suicidio o suicidio porque no incluye la intención suicida, también se considera un factor de riesgo significativo tanto para los intentos de suicidio como para la muerte por suicidio y puede acompañar o no a la ideación suicida.


La resiliencia, factores y conducta en marco del suicidio

En segunda instancia, se debe enfocar la conducta y el comportamiento del sujeto propenso al suicidio y la concurrencia de factores que arraigan la calidad de suicida. Resultando ser, la población vulnerable desde primera concurrencia la inferior a los 30 años, que parte desde la pubertad y adolescencia (World Health Organization, 2014, pág. 22). Sin embargo, mientras que la ideación suicida ocurre en niños y es relativamente común en adolescentes, igualmente, los suicidios de adolescentes a menudo pueden estar precedidos por eventos estresantes como la pérdida de una relación sentimental, problemas disciplinarios en la escuela o con la ley, dificultades académicas o familiares. Este estrés puede resultar indirectamente del trastorno mental subyacente en sí mismo o agregarse a las presiones sobre un individuo que ya es vulnerable.


Por otro lado, al profundizar la esfera psicológica que induce al suicidio se debe precisar los factores de riesgo y protección del suicidio. Entre ellos, los factores de riesgo se caracterizan porque potencialmente aumentan el nivel de riesgo de suicidio de un individuo, mientras que los factores de protección son factores que mitigan el riesgo. Considerando que, los adolescentes y adultos jóvenes se encuentran en un estado de transición, enfrentando nueva independencia, formación de identidad y situaciones sociales cambiantes; los cambios físicos, hormonales y sociales de la adolescencia pueden aumentar la probabilidad de ansiedad o depresión (Prinstein, Boerger, & Gapentine, 2000, pág. 393). Lógicamente, a nivel individual, incluyen intentos previos de suicidio, trauma infantil como abuso físico, sexual y emocional, experimentar un evento estresante, constante estrés, sueño desregulado, sensación de pérdida de control, reactividad emocional o patrón de comportamiento agresivo o impulsivo.


Si bien se circunscriben los factores de riesgo y protección como el hincapié principal del suicidio, estos ineludiblemente dependen de la resiliencia que la víctima de suicidio construye de forma degenerativa. La resiliencia se inmiscuye porque precisa la seguridad del individuo en sus habilidades para superar el estrés, tener habilidades de afrontamiento, autoestima, estabilidad emocional y características personales que aumentan el apoyo social de los demás. Y en ello, Aiartzaguena & Morentin (2022) refiere que “la resiliencia previene problemas psicológicos entre jóvenes y adolescentes y los protege contra los efectos psicológicos de eventos problemáticos” (pág. 53). Esto resulta ser una fuente para superar tribulaciones y problemas, resistencia contra el estrés y borrar sus efectos negativos. Por ende, la resiliencia puede asegurar y promover la salud mental del individuo. De tal manera, la capacidad de resiliencia puede cambiar con las circunstancias que adopte la víctima del suicidio, pues la baja resiliencia se caracteriza por tener pensamientos y conductas suicidas. Además, se trasluce como el motivo central del comportamiento de la víctima del suicidio porque otorgan la capacidad de presagiar pensamientos y comportamientos suicidas.


Panorama peruano del suicidio

Según la Ley de Salud mental N° 30947 promulgada en el 2019, la finalidad del gobierno es proteger la salud integral, garantizar el respeto a la dignidad de las personas con problemas de salud mental, fortalecer las capacidades de los profesionales que prestan estos servicios de salud y garantizar el acceso a servicios de salud y medicamentos para los usuarios que los necesiten. En el Perú existen actualmente 248 Centros de Salud Mental Comunitaria, los cuales ofrecen: prevención y control de problemas y trastornos del adulto y adulto mayor; atención especializada en problemas como la depresión, ansiedad, violencia de género, entre otros; prevención y control de adicciones, participación social y comunitaria.


En la investigación realizada en el primer mes de pandemia en el año 2020, se halló que una de cada diez personas pensaban que podían tomar una decisión fatal. Estas percepciones muestran que en un gran porcentaje de la población primaba el miedo y la desinformación. La percepción al contagio en el trabajo o centro de estudios, pensar que podrían contagiar a otros miembros de su familia/amigos o que se podrían deprimir fue mayor en las mujeres. Esto muestra que ellas son las que sufren más de ansiedad y estrés en estas situaciones. Este contexto también ha sido estudiado en diversas investigaciones, donde las jóvenes presentan mayor estrés y agotamiento ocupacional en comparación con las de mediana edad y al grupo de los hombres. La muerte de familiares, la incertidumbre ante el futuro, pérdidas económicas y el desempleo fueron factores condicionantes para el pensamiento de autoeliminación durante la pandemia del COVID-19, teniendo un crecimiento de 2.8 a 7.5% entre el 2020 y 2021 y con más frecuencia en las mujeres.


Durante el periodo de 2016 al 2021, el 71.5% de los intentos de suicidio en Perú involucró a personas de 15 a 34 años, según información proporcionada por el Centro Nacional de Epidemiología, Prevención y Control de Enfermedades del Ministerio de Salud. Para abordar esta preocupante tendencia, se llevaron a cabo iniciativas como el Pasacalle y Feria de Servicios de Salud Mental en conmemoración del "Día Mundial para la Prevención del Suicidio". Esta iniciativa, organizada en colaboración entre los Centros de Salud Mental Comunitaria y la Diris Lima Sur, tenía como objetivo concientizar a la población acerca de la relevancia de identificar tempranamente las señales de alarma y promover el autocuidado. Al término de este mismo año, el Sistema Nacional de Defunciones del Ministerio de Salud registró 708 suicidios, de los cuales 131 fueron adolescentes (18.5%). En respuesta a esta situación, el Ministerio de Salud, junto con la ONG Tierra de Hombres, publicó "Pautas para la prevención del suicidio en mi comunidad", un documento de veintisiete páginas que detalla estrategias preventivas para casos de intento de suicidio y los servicios de atención disponibles a través del Minsa.


La campaña de prevención del suicido organizada por la Dirección Regional de Salud de Ucayali (Diresa), a través de la Estrategia de Salud Mental y Cultura de Paz para la difusión y promoción sobre la importancia de la salud mental, demostró la falta de concientización sobre cómo abordar los suicidios e intento de suicidios como un problema público. A nivel nacional se realizó en el año 2018 la campaña “Toma mi mano, abracemos la vida”, promovida por el Ministerio de Salud como medio de difusión sobre la importancia de la salud mental en la prevención del suicidio. En el caso de la ciudad de Lima, los asistentes se unieron en “El abrazo más grande del Perú”, una actividad propuesta para promover la conexión con las personas, así como también la escucha activa y el tiempo dedicado a éstas.


A modo de conclusión, el suicidio es considerado como la tercera causa de muerte entre los adolescentes y jóvenes. Sin embargo, se puede contrarrestar con los factores de protección que desalientan el suicidio como la conexión interpersonal y comunitaria, las habilidades para resolver problemas, la adaptabilidad, la atención clínica eficaz para los trastornos físicos y mentales, y las creencias culturales y religiosas. Al disminuir los factores de riesgo y reforzar los factores de protección, los jóvenes tienen una mejor oportunidad de sanar, procesar, recibir apoyo y convertirse en adultos saludables.


Muchas de las intervenciones revisadas en este artículo se enfocan en fortalecer estos y otros factores protectores que se encuentran en la literatura sobre prevención y tratamiento del suicidio juvenil. En el contexto peruano, se observa una combinación de esfuerzos gubernamentales y campañas de concientización para abordar el problema del suicidio; no obstante, persisten desafíos en la percepción pública y la falta de conciencia en torno al suicidio como un problema de salud pública. La educación, la difusión y la promoción de la importancia de la salud mental son esenciales para cambiar las actitudes y fomentar la conexión y el apoyo entre las personas.


Referencias bibliográficas

Aiartzaguena, M., & Morentin, B. (2022). Factores de riesgo del suicidio consumado en los jóvenes y los adultos de mediana edad: estudio poblacional forense. Revista Española de Medicina Legal, IIL(2), 53-59. Obtenido de: https://doi.org/10.1016/j.reml.2021.09.003.


Ballesteros, M. d., Gutiérrez Malaver, M. E., Sánchez Martínez, L. M., Herrera Medina, N. E., Gómez Sotelo, Á. P., e Izzedin Bouquet, R. (2010). El suicidio en la juventud: una mirada desde la teoría de las representaciones sociales. Revista Colombiana de Psiquiatría, IX(3), 523-543. Obtenido de https://doi.org/10.1016/S0034-7450(14)60223-7


Diario El Peruano. (2019). Ley N° 30947 Ley de salud mental. Obtenido de: https://busquedas.elperuano.pe/download/url/ley-de-salud-mental-ley-n-30947-1772004-1


Instituto Nacional de Salud Mental (2023). Nota de prensa N.° 036. Obtenido de: http://www.insm.gob.pe/OFICINAS/COMUNICACIONES/notasdeprensa/2021/036.html


Mejía CR, Quispe–Sancho A, Rodriguez-Alarcon JF, Ccasa–Valero L, Ponce–López VL, Varela–Villanueva ES, et al. (2020). Factores asociados al fatalismo ante la COVID-19 en 20 ciudades del Perú en marzo de 2020. Revista Habanera de Ciencias Médicas. Obtenido de: www.revhabanera.sld.cu/index.php/rhab/article/view/3233/2496


Ministerio de Salud del Perú. (2016). Directiva sanitaria de vigilancia de problemas de la salud mental priorizados en establecimientos de salud centinela y mediante encuesta poblacional. Obtenido de: http://bvs.minsa.gob.pe/local/MINSA/5377.pdf


Ministerio de Salud del Perú. (2018). Un abrazo para salvar una vida. Ministerio de Salud. Obtenido de: https://dirislimacentro.gob.pe/un-abrazo-para-salvar-una-vida/


Pineda Roa, C. A. (2013). Factores asociados con riesgo de suicidio de adolescentes y jóvenes autoidentificados como lesbianas, gays y bisexuales: estado actual de la literatura. Revista Colombiana de Psiquiatría, XLII(4), 333-349. Obtenido de: https://doi.org/10.1016/S0034-7450(13)70030-1


Prinstein, M., Boerger, J., & Gapentine, W. (2000). Peer functioning, family disfunction and psychological symptoms in a risk factor model for adolescent in patient, suicide ideation severity. Journal of clinical child psychology, XXIX(3), pp. 392-405.


World Health Organization. (2014). Preventing suicide: a global imperative. Luxembourg: World Health Organization. Obtenido de: https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/131056/9789241564779_eng.pdf

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