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La importancia de la Democracia en el logro de los ODS de carácter ambiental

Por: Alessa Soza (@alessa_soza), Cecilia Nina (@recilianinavargas1) y Roberto Castro (@roberto.castro01)

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 representan principios básicos para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad. Los ODS están acompañados de indicadores para monitorear y evaluar el aporte y cumplimiento de sus metas. Los objetivos y metas globales se plantean en relación con los desafíos ambientales, sociales, políticos, institucionales y económicos con que se enfrenta nuestro mundo en la actualidad.(ONU, 2015)


Se sabe que la Agenda 2030 fue construida con un amplio sentido de participación, y se trata de una agenda que se basa no sólo en los Derechos Humanos, sino que tiene como principal hilo conductor los principios democráticos. Por tanto, el cumplimiento de los ODS es fundamental para la consolidación de la democracia y viceversa, siendo así que ambos se complementan de manera tal que, para el cumplimiento y desarrollo de uno, se necesita del otro. Asimismo, para lograr el pleno cumplimiento de cada uno de los ODS, se requiere que todos los actores de la sociedad, tanto civil como privado, intervengan de manera activa con acciones y compromisos. La misma ONU ha señalado que la democracia es un elemento fundamental para la paz, el desarrollo sostenible y los derechos humanos.


Tomando en cuenta que la democracia nos ofrece un camino basado en la participación e inclusión, para todos aquellos que quieran afianzar los lazos de confianza y acción conjunta, resulta de suma importancia plantearnos su influencia en el logro de los ODS. Un hecho que nos ayuda a dilucidar mejor este panorama es que el logro de los ODS se encuentra directamente relacionado con que las demandas ciudadanas respondan a criterios de transparencia, rendición de cuentas y participación en la toma de decisiones. El quehacer de lo público no es sólo la acción gubernamental, sino el empoderamiento del colectivo de todos, con plena conciencia, derechos y responsabilidades. Acoger la acción gubernamental en términos de transparencia, participación e imparcialidad debe involucrar no sólo a los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, sino a todas las entidades nacionales, incluidos los gobiernos regionales y locales (Bárcena, 2015).


El Perú fue una de las naciones protagonistas de la Agenda 2030 desde su elaboración, implicando a más de setecientos ciudadanos en alrededor de sesenta consultas presenciales a lo largo del territorio nacional para definir el panorama deseado por la ciudadanía en el futuro cercano. Del mismo modo, formamos parte del Grupo de Trabajo Abierto para determinar los diecisiete ODS. Desde el año 2016, la Agenda 2030 es un elemento clave para la elaboración de políticas de desarrollo de nuestro país. Muestra de ello son los Informes Nacionales Voluntarios elaborados por el Gobierno en el 2017 y 2020, respectivamente. Desde entonces, el Sistema de Naciones Unidas ha elaborado una serie de acciones estratégicas para regular y guiar la labor del Perú hacia el año 2030.


Centrándonos en las áreas de enfoque de Planeta, los ODS 13 (Acción por el Clima) y 15 (Vida de Ecosistemas Terrestres) tienen una correlación con la democracia en tanto el ejercicio pleno de esta ha de darse en condiciones biofísicas adecuadas. Nuestra participación activa en el cuidado y preservación del medio ambiente implica también comprender la perspectiva de poblaciones indígenas y proteger sus derechos. Así, el derecho ambiental plantea dos ejes relevantes para la democracia como son la información y la participación ciudadana. En base a ello, se debe optar por promover mecanismos sostenibles de acción para proteger nuestro planeta y más espacios de diálogo plural en torno al cuidado de este.


Tomando en cuenta cifras del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que nos indican que alrededor de 1600 millones de personas son dependientes de los bosques para sustentar sus necesidades básicas, es claro que existe también una relación entre la disminución de las desigualdades y la promoción de un uso más eficiente de los ecosistemas terrestres y los recursos que estos brindan. La desigualdad propicia tensiones sociales y por tanto resquebraja el orden democrático.


Con ello en consideración, el Perú es uno de los ocho estados miembros de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), el cual trata temas sobre el rol de la población indígena en la solución de los problemas que la Amazonía enfrenta, la responsabilidad de actores internacionales y el fortalecimiento de la cooperación a nivel local y multilateral, así como la posibilidad de crear un Parlamento Amazónico. La presidenta, Dina Boluarte, ha señalado que se dará prioridad al cuidado de la amazonía y las comunidades que la habitan abordando las problemáticas que enfrentan desde una perspectiva pluricultural y diversa (2023).


Desde otro enfoque, en el caso del ODS 6 el cual busca ‘’garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos’’, la práctica de la democracia bajo los criterios anteriormente mencionados permiten que se pueda ampliar el acceso a agua potable y saneamiento a aquellas zonas que carecen de estos servicios, pues sin una debida participación de estas poblaciones en la toma de decisiones, aquellos líderes políticos no tomarán en cuenta esta realidad en sus agendas políticas.Sin embargo, si la población participa activamente y exige estos derechos básicos a la par de exigir rendición de cuentas, se puede asegurar que todo plan de gobierno tomará en cuenta estas realidades y destinará parte del presupuesto público a lograr mayor acceso al servicio de agua y saneamiento para estas zonas altamente vulnerables.


Por otro lado, en el caso del ODS 14 cuyo propósito es ‘’conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos ‘’, la democracia permite que exista una gestión cuidadosa de este recurso mundial y es que actualmente se evidencia un deterioro continuo de las aguas de los mares y de la vida que estos albergan, debido a una serie de factores en su mayoría industriales. No obstante, de nuevo la participación activa de los diversos sectores permitiría que estos puedan aunar fuerzas y plantearse objetivos comunes relacionados al cuidado del mar. Si bien, todos los sectores tienen diversos intereses a través de la democracia y en su lucha por su transparencia se puede tener un mayor control de estos intereses y sus impactos para equilibrarlos de tal forma que se logre un desarrollo sostenible.


Ahora bien, el logro de los ODS planteados anteriormente no tendría sentido si no se parte, a la vez, de lo que señala el ODS 16, el cual busca ‘’promover sociedades justas, pacíficas e inclusivas’’. Para entender ello, es necesario poder hablar sobre la situación en el Perú respecto a este objetivo y el mantenimiento y fortalecimiento de la democracia en este. En nuestra región, donde históricamente han habido varias rupturas del orden democrático, existen retos de manera particular en torno a la confianza de los ciudadanos en las autoridades e instituciones públicas. Numerosas han sido las ocasiones en donde esta falta de confianza ha propiciado un debilitamiento democrático en países como el Perú.


La dura realidad es que convivimos en un continente que se encuentra en una constante polarización política. Es así que las intensas confrontaciones políticas han conducido a los estados a rupturas del orden democrático o a cometer excesos en cuanto al respeto y garantía de los derechos humanos. Todo ello, considerando también un duro contexto post-pandemia donde la polarización política y las secuelas económicas y sociales propician un ambiente idóneo para el fortalecimiento del autoritarismo.


Por tanto, para el logro de los ODS que buscan un desarrollo sostenible en el ambiente, se mira hacia el ODS 16 como una guía que esclarece aquellos puntos que nuestra región, en cuestión política, debe mejorar para que los criterios de transparencia, rendición de cuentas y participación en la toma de decisiones puedan funcionar correctamente.En un sistema democrático débil y continuamente abatido por la corrupción,los valores que imparte la democracia son difíciles de practicar.


En conclusión, la consecución de los objetivos planteados por la Agenda 2030 está íntima e irremediablemente ligada al fortalecimiento democrático de los Estados. Naciones Unidas cuenta con un ODS específico que aboga por un orden internacional democrático basado en el fortalecimiento de las instituciones públicas, la igualdad y el estado de derecho. Hay una plétora de desafíos por superar durante los próximos 6 años si se espera alcanzar el Desarrollo Sostenible planteado por la ONU. Entre ellos, a nivel macro, se encuentran la desigualdad social, la crisis del cambio climático, y el alivio a la situación actual de los derechos humanos. La colaboración entre la comunidad internacional, los gobiernos y la sociedad civil se vuelve esencial para crear y ejecutar medidas que contrarresten dichos retos y conduzcan a un mundo más democrático.


El 15 de septiembre fue establecido por la Asamblea General como Día Internacional de la Democracia, y conmemora el rol preponderante que esta tiene en nuestra sociedad y que ha ayudado a construir un mundo más justo. Nos invita a promover valores como la justicia, la igualdad y la solidaridad; y al mismo tiempo nos recuerda el papel decisivo que los jóvenes poseemos para garantizar un orden democrático no sólo en el futuro, sino hoy.


Referencias bibliográficas:



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