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Celebrando la diversidad: Un llamado al diálogo y al desarrollo

Por María Alejandra Jiménez, Micaela Cossio y Antuanet Elias

En un mundo marcado por la pluralidad de culturas e identidades, el valor de la diversidad se convierte en un pilar fundamental para el progreso humano y la unión social. El Día de la Diversidad para el Diálogo y el Desarrollo nos brinda la oportunidad de reflexionar y reconocer el papel crucial que desempeña el diálogo intercultural en la construcción de un mundo más inclusivo.


El origen de este día se remonta a la Declaración Universal de la UNESCO sobre la diversidad cultural, adoptada en 2001, que reconoce la diversidad cultural como un patrimonio común de la humanidad y establece principios para promover el respeto hacia todas las culturas y tradiciones. Inspirados por esta declaración, en 2002 la Asamblea General de las Naciones Unidas decidió declarar el 21 de mayo como el Día de la Diversidad para el Diálogo y el Desarrollo, con el objetivo de sensibilizar a la opinión pública sobre la importancia de la diversidad cultural y promover el entendimiento mutuo entre las distintas culturas y comunidades donde cada voz sea escuchada, cada identidad sea respetada y cada persona tenga la oportunidad de contribuir plenamente al desarrollo de nuestras sociedades. (IPPDH, 2023).


En este artículo, exploraremos los fundamentos que existen detrás de este día conmemorativo, así como la problemática y la relevancia en el contexto actual de un mundo cada vez más interconectado y diverso. Desde escenarios históricos, hasta su impacto en la promoción de la inclusión y el desarrollo sostenible, examinaremos cómo nos invita a reflexionar sobre la riqueza de nuestras diferencias y a trabajar juntos por un futuro más equitativo para todos y todas. 


Importancia de la diversidad cultural

Existen muchos fundamentos que explican la importancia de la diversidad cultural, la UNESCO nos presenta datos que afirman que el sector cultural y creativo representa más de 48 millones de puestos de trabajo en el mundo: 6,2% del empleo y un 3,1% del PIB mundial. Además, es el sector que brinda más oportunidades a jóvenes menores de 30 años, lo que es de gran relevancia ya que permite la entrada al mundo laboral a más juventudes. (Naciones Unidas, s.f.)

Con motivo de eliminar el obstáculo que representa la falta de datos confiables, procesos de medición y recopilación es que se crearon los Indicadores Cultura 2030 de la UNESCO. Esto debido a que la insuficiencia de información fiable perjudica las estrategias y políticas de desarrollo nacionales y locales de los países, así como dentro de las áreas identificadas del Marco de Cooperación para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (UNSDCF) para financiamiento.  (UNESCO, 2019).


Es importante la creación de estos indicadores porque visibiliza y da evidencia sobre el papel fundamental y transformador de la cultura haciéndola más tangible, y para generar datos complementarios para los objetivos globales de la Agenda 2030. (Castellanos, s.f.). Este marco de referencia evalúa tanto su actividad como su contribución a nivel transversal en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y de ámbito político. Así mismo, cabe recalcar que su implementación es voluntaria por parte de los países y ciudades y se basa en un análisis profundo sobre cómo la cultura contribuye a las dimensiones económicas, sociales y ambientales del desarrollo. 


Ahora bien, la problemática detrás de estas implementaciones es aún un tópico bastante complejo, puesto que, según la ONU, las tres cuartas partes de los mayores conflictos tienen una dimensión cultural, y, sin ello, no se puede alcanzar una estabilidad ni efectuar el desarrollo. Sumado a eso, se debe entender que la diversidad cultural va más allá del crecimiento económico, se trata también del enriquecimiento humano, la tolerancia y respeto, la preservación del patrimonio y, dentro de los más importantes, la identidad y pertenencia, que nos ayuda a sentirnos parte de una comunidad más amplia y a formar la identidad tanto personal como colectiva. 


Casos Perú: Cosmovisión indígena, Baguazo y buen vivir


La gran diversidad cultural que posee nuestro país forma un tejido social complejo y rico, sin embargo, a través de la historia se han evidenciado desafíos que comprometen la convivencia armoniosa. El 5 de junio del 2009 es recordado como la masacre de Bagua, este acontecimiento recapitula el enfrentamiento entre la Amazonía y la ciudad en nuestro país geocentrista. El enfrentamiento se sitúa dentro de un período durante el cual se hace entrega de mayores territorios amazónicos y derechos a inversores privados extranjeros sin procesos de consulta previa. A partir de esto se genera un desentendimiento entre los nativos y el Gobierno, que se torna crítico e incontrolable hasta el estallido de actos de violencia que dejaron un total de 33 muertos, 10 indígenas, 23 policías y alrededor de 200 de heridos (Defensoría del Pueblo, 2010, p.40).


El país posee un gran historial acerca de la negación de las demandas, y las particularidades culturales de los pueblos indígenas que ha venido siendo respaldado por la construcción de imaginarios y prejuicios sobre los pueblos amazónicos que refuerza su imagen de salvaje e ignorante (Espinosa, 2009, p.123). Dentro de un contexto de exclusión, desvalorización, rechazo y estigmatización, los pueblos indígenas recurren a instancias internacionales para reclamar sus derechos como ciudadanos. Gracias a esto es que consiguieron que el Perú suscriba a acuerdos internacionales como el Convenio 169 de la OIT en 1993 y la Declaración de las Naciones Unidas en 2007, los cuales garantizarán el derecho a “la consulta previa, libre e informada de cualquier actividad que se quiera desarrollar en sus territorio” (Martínez & Orta, 2009, p.2), les otorgan a los pueblos indígenas el derecho a conservar su identidad étnica y cultural, además de poder decidir sus prioridades con respecto al desarrollo. (Surrallés, 2011, p.407-9).


A pesar del avance que esto significó, un año más tarde el gobierno promulgó una serie de decretos legislativos destinados a facilitar la implementación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Estos decretos permitían la explotación de recursos naturales en territorios indígenas sin realizar una consulta previa adecuada a las comunidades afectadas, violando así sus derechos establecidos en el Convenio 169 de la OIT. A través de esta acción se demuestra que para el Gobierno, las tierras no tenían más valor que su riqueza material y se enfrenta a la cosmovisión indígena acosando a las comunidades indígenas de un carácter anti-progreso y egoísta. De esta manera se evidencia como estuvo siempre presente la falta de reconocimiento de la identidad y el desprecio, lo que luego permite entender la actitud y los sentimientos de los indígenas amazónicos que los condujeron al levantamiento, en el cual se enfrentan dos inercias históricas, el marcado desencuentro de visiones e intereses del gobierno y de los indígenas amazónicos del Perú, respecto a la concepción, propiedad y uso del territorio.

Lo ocurrido el año 2009 en la ciudad de Bagua nos lleva a entender que vivimos en una sociedad de múltiples perspectivas en torno al bien, por ello nos es muy complicado forjar una unidad social con una direccionalidad hacia una meta en común. Considerando la riqueza cultural que nuestro país posee, y a motivo de la celebración del Día de la Diversidad para el Diálogo y Desarrollo, es pertinente reflexionar sobre la aplicabilidad de la incorporación de los principios del Buen Vivir en un plan nacional de desarrollo para el país. 


El Buen Vivir (Sumak Kawsay) es una filosofía que nace de los espacios de pensamiento andino-amazónico, específicamente de los pueblos indígenas aymaras y quechuas (Huanacuni, 2010). Este discurso contextualizado transforma el concepto de progreso entendido únicamente por su versión productivista acumulativo-hegemónico y sugiere un proyecto de convivencia armónica entre la diversidad, la naturaleza y las personas que forman parte de ella. (Canaza-Choque, 2021, p.85) En este contexto, el Buen Vivir representa una de las alternativas y modalidades disponibles para el discurso social, terrenal e identitario. Es una matriz comunitaria y sostenible calificada como posdesarrollismo, posneoliberal y decolonial, que ha animado nuestra existencia en el diseño de la convivencia y la reconexión con el pasado y la naturaleza. (Canaza-Choque, 2021, p.86).


La lección aprendida del conflicto del Baguazo demuestra la importancia de estar a la escucha de los demás y la mantención de una abertura hacia otras formas de vida. Tomando como ejemplo la adopción de los principios del Buen Vivir, de la mano del funcionamiento eficiente de mecanismos de consulta, y una postura de aprendizaje a través del intercambio cultural, podemos crear una vía para reconstruir el equilibrio medioambiental y cultural del mundo de hoy. Nuestro trabajo conjunto, como peruanos y peruanas, puede construir una nueva forma de organización social dirigida a nivel gubernamental por una alternativa al desarrollo que promueve la incorporación de normas constitucionales que defienden los derechos de la naturaleza, protegiéndola y cohabitando en comunidad, suprimiendo valores individualistas.


Recomendaciones de hoy en adelante- contexto mundial


El 21 de mayo de cada año nos ofrece una valiosa oportunidad para la reflexión. Nos obliga a celebrar la riqueza de las culturas del mundo al tiempo que reconoce el papel fundamental del diálogo intercultural en el fomento de la paz y la consecución de un desarrollo sostenible.


Este día nos recuerda que la diversidad cultural no es solo un conjunto de costumbres y tradiciones, sino más bien, un conjunto de creencias, lenguas y expresiones artísticas de la humanidad.  De esta forma, representa la amplia gama de conocimientos, prácticas y perspectivas que enriquecen nuestra comprensión del mundo y de nosotros mismos.

Sin embargo, el potencial de la diversidad cultural sólo puede realizarse plenamente mediante un diálogo abierto y respetuoso. Al relacionarnos con personas de orígenes y culturas diferentes, cuestionamos nuestras propias suposiciones y ampliamos nuestras perspectivas. Como afirma Amartya Sen, economista galardonado con el Premio Nobel, en su libro "Identidad y violencia", un mundo en el que todos fuéramos iguales sería un mundo carente de progreso y dinamismo (Sen, 2006) El intercambio cultural nos permite aprender unos de otros, compartir conocimientos y desarrollar soluciones a retos globales que requieren una acción colectiva.


Además, el diálogo intercultural es una piedra angular del desarrollo sostenible. Reconocer los diversos enfoques de la gestión medioambiental, la gestión de recursos y la organización social permite crear soluciones más integradoras y adaptables a los retos mundiales.  Aprendiendo unos de otros, podemos diseñar estrategias que aborden las necesidades de todas las comunidades respetando los contextos culturales únicos en los que existen.

A través del diálogo, rompemos estereotipos y tendemos puentes de empatía. Al fomentar un espíritu de comunicación abierta y respeto mutuo, podemos aprender de las costumbres, tradiciones y perspectivas de los demás. Esta comprensión enriquecida nos permite colaborar más eficazmente en la búsqueda de soluciones a los retos mundiales, desde la protección del medio ambiente hasta el desarrollo económico.


El Día Mundial de la Diversidad Cultural no consiste sólo en celebrar las diferencias, sino en aprovechar su poder colectivo.  La diversidad cultural fomenta la innovación, la creatividad y la resiliencia. Cuando hay diversas voces y perspectivas en la mesa, generamos una gama más amplia de soluciones y enfoques a problemas complejos. Este espíritu de colaboración es esencial para construir un futuro más inclusivo y sostenible para todos.

Este día sirve de llamada a la acción tanto para educadores como para responsables políticos y personas de a pie.  Las instituciones educativas pueden desempeñar un papel crucial en la promoción del entendimiento intercultural integrando diversas perspectivas en los planes de estudio y fomentando programas de intercambio intercultural. Los responsables políticos pueden defender iniciativas que celebren la diversidad cultural y promuevan la inclusión.


En un mundo marcado por la diversidad de culturas, identidades y perspectivas, el valor de la diversidad es crucial para el progreso y la cohesión social. El conflicto del Baguazo en Perú en 2009 sirve como estudio de caso que ejemplifica las nefastas consecuencias de ignorar la diversidad cultural y no entablar un diálogo significativo. La diversidad cultural no sólo tiene que ver con el crecimiento económico, sino también con el enriquecimiento humano, la tolerancia, el respeto y la conservación del patrimonio. La incorporación de principios como el Buen Vivir, que propugna la coexistencia armoniosa con la naturaleza y el respeto por las diversas formas de vida, puede ayudar a reconstruir el equilibrio medioambiental y cultural en Perú. El Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo insta a celebrar la riqueza cultural y a reconocer el papel del diálogo en el fomento de la paz y el desarrollo sostenible. Fomentando el entendimiento intercultural, desmontando estereotipos y promoviendo la colaboración, podemos construir un futuro más inclusivo y sostenible en el que se escuche cada voz, se respete cada identidad y cada individuo tenga la oportunidad de contribuir plenamente al desarrollo de la sociedad.


BIBLIOGRAFÍA








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