Un escudo invisible: La Capa de Ozono

Por: Edson Marín Jara y Jhoselin Alejandra Ticona Choqueña


En 1839 el químico alemán Christian Friedrich Schonbein descubrió un gas al que denominó ozono y no fue hasta 1929 en que se llevó a cabo la Primera Conferencia Internacional del Ozono (Martín Arribas, 1994).


En 1913, los físicos franceses Charles Fabry y Henri Buisson descubrieron la capa de ozono situada en la estratósfera entre los 20Km y 50Km de altitud, esta capa contiene el 90% del total de ozono presente en la atmósfera y es la responsable de la absorción de un 97-99% de la radiación ultravioleta proveniente del sol (Universidad da Coruña, 2017) protegiéndonos del cáncer de piel y cataratas así como de la afectación de nuestro sistema inmune (National Geographic, 2018).


La capa de ozono es una frágil franja de gas que protege la Tierra de los efectos nocivos de los rayos solares, contribuyendo así a preservar la vida en el planeta; sin embargo, el uso de ciertos productos químicos la dañaron, poniendo en peligro nuestra propia existencia y la del resto de seres vivos del planeta. Un esfuerzo internacional conjunto ha permitido la eliminación y reducción del uso de sustancias que agotaban la capa de ozono, ayudando no solo a protegerla para la generación actual y las venideras, sino también a mejorar los resultados de las iniciativas dirigidas a afrontar al cambio climático (Naciones Unidas, 2021).

En 1947 los científicos Mario Molina y Sherry Rowland dieron a conocer sus acertados descubrimientos señalando que algunos clorofluorocarbonos (CFC), al ser insolubles en agua, permanecen en la estratósfera, descomponiéndose por las radiaciones solares ultravioletas, liberando átomos de cloro que en poco tiempo destruyen miles de millones de moléculas de ozono (Martín Arribas, 1994). Los científicos también han descubierto otras sustancias agotadoras de la capa de ozono como los halocarbonos, bromuro de metilo, metil cloroformo, el tetracloruro de carbono, diclorometano, los hidrofluorocarbonos (HCFC) y los halones (Naciones Unidas, 2021).


En el año 1985 se descubrió un agujero en la capa de ozono en la Antártida (Farman et al., 1985) que actualmente es la más grande causado principalmente por los clorofluorocarbonos cuyo tiempo de vida útil es de 50 a 100 años (National Geographic, 2018). Con el paso del tiempo la capa de ozono se ha ido recuperando gracias a la prohibición de los clorofluorocarbonos (CFC) presentes en muchos productos de limpieza domésticos. Estas sustancias químicas fueron abandonadas tras la introducción del Protocolo de Montreal, en 1987 (BBC News Mundo, 2017).


Sin embargo, el diclorometano -conocido también como cloruro de metileno- no fue incluido en el protocolo, debido a que tiene una vida corta (es decir, se descompone al cabo de cerca de cinco meses). No obstante, libera cloro que puede llegar a destruir el ozono si llega a la capa de ozono que está en la estratosfera (BBC News Mundo, 2017).


De acuerdo a Ryan Hossaini et al., (2017) los niveles de diclorometano en la atmósfera se incrementaron en un 8% por año entre 2004 y 2014. Si esta tendencia continúa, los modelos computarizados muestran que la recuperación de la capa de ozono, previsto originalmente para 2065 (sin tomar en cuenta las emisiones de esta sustancia) podría demorarse 30 años más, es decir la recuperación no se completaría sino hasta 2095 (BBC News Mundo, 2017).


Algunos descubrimientos científicos recientes apuntan a que el agotamiento del ozono en el vórtice polar del Ártico podría intensificarse a finales de siglo, a menos que los gases de efecto invernadero globales se reduzcan rápida y sistemáticamente. En el futuro, esto también podría significar una mayor exposición a la radiación ultravioleta en Europa, América del Norte y Asia cuando partes del vórtice polar se desplacen hacia el sur (World Meteorological Organization, 2021).


Numerosas investigaciones se han realizado a lo largo de los años para encontrar nuevas formas de evaluar el impacto de las sustancias que dañan la capa de ozono con el fin de desarrollar métodos más efectivos para su protección.


Recientemente un nuevo método desarrollado por investigadores de la Universidad de Cambridge conocido como Integrated Ozone Depletion (IOD), proporciona una herramienta para que los políticos y científicos midan los efectos de las emisiones no reguladas de sustancias que agotan la capa de ozono y evalúen la eficacia de las medidas de protección (Cambridge Independent, 2022).


El gobierno, el sector privado y la sociedad civil juegan un papel importante en la protección y recuperación de la capa de ozono. Gobiernos alrededor del mundo firmaron el protocolo de Montreal en 1987, imponiendo restricciones globales sobre la producción y el consumo de casi 100 productos químicos artificiales que pueden causar el agotamiento del ozono, es en gran parte gracias a esta medida que hasta el día de hoy, la cantidad total de ozono en la antártida no ha seguido disminuyendo y ha comenzado a recuperarse lentamente (Wenshou Tian, 2022).


Sin embargo, aunque se cuente con la tecnología más sofisticada y las medidas más acertadas para evitar el deterioro de la capa de ozono, esto no servirá de mucho si seguimos contaminando como lo hemos hecho desde generaciones atrás. Hoy en día la mayoría de la sociedad solo se preocupa por su confort y bienestar pero no se preocupan por informarse si contaminan de más o hacen un uso excesivo de contaminantes su confort les durará poco ya que si el agujero de la capa de ozono continúa abriéndose más, nada de lo que tienen y usan los librará de quemaduras en la piel, cáncer, cataratas en los ojos, pérdida de biodiversidad y bienes materiales, aumento de la temperatura lo que provocaría un mayor calentamiento global y descongelamiento de los polos lo que traería devastadoras consecuencias.


Nuestro futuro y el futuro de las generaciones venideras depende de nuestra acciones, seamos más conscientes de lo que hacemos y dejamos de hacer para salvaguardar nuestro planeta y toda la vida que hay en él.



REFERENCIAS