Detrás del comportamiento activista, un breve análisis.

Por Melissa Salcedo

Personas prendiendo fuego a la sede del congreso en Guatemala, pintas en monumentos históricos en marchas feministas en México o un joven golpeando el rostro de un congresista en Perú. Todos estos son comportamientos del individuo en un contexto social determinado. En este particular ejemplo, comportamientos de tipo agresivo, que más adelante serán analizados detalladamente

Para explicar y analizar este tipo de sucesos, la rama de la psicología social estudia científicamente cómo piensan, sienten y se comportan los individuos en un contexto social (Kassin, Fein, & Markus, 2010). La PS estudia diversidad de temas, desde las actitudes y creencias individuales y grupales más cotidianas hasta las más trascendentales. En este sentido, la PS realiza numerosas investigaciones sobre el comportamiento del individuo envuelto en movimientos sociales. Por ello, este articulo pretende analizar el activismo desde la perspectiva integrativa de la cognición, emoción y motivación. Además, explicará los procesos psicológicos que subyacen en el comportamiento del activista.

El activismo, entonces, no es otra cosa más que el espacio donde los pensamientos, sentimientos y comportamientos del individuo se desempeñan por medio de actividades en un contexto social determinado. Es un proceso grupal que busca atender y dar soluciones a problemas que pueda atravesar la sociedad, invitando al público a cambiar cogniciones sociales preexistentes a largo plazo (Mazumder, 2018).

El ser humano es, inherentemente, un ser social (Lieberman , 2014), que buscara resolver problemáticas en los contextos sociales en los que se desenvuelva. La psicología evolucionista explica que esta búsqueda de soluciones sociales es producto de la evolución de la conducta humana (Buss, 2005).

La evolución de la conducta social del ser humano tiene un factor importante cuando se habla del activismo actual. Nuestros antepasados tuvieron que convivir en grupos para poder sobrevivir, cada uno tendría un rol asignado para lograr el bienestar y la supervivencia del grupo. Por ejemplo, si el cazador no cumpliera con su rol, no habría alimento. Si los encargados de distribuir los alimentos no lo hacían apropiadamente, un miembro del grupo no estaría alimentándose correctamente, podría contraer alguna enfermedad y poner en peligro a todos los miembros del grupo. Básicamente, el individuo que no contribuyera con el bienestar del colectivo ponía en el peligro la supervivencia de todo el grupo.

La teoría evolucionista propone que el ser humano gracias a la experiencia, desarrollo mecanismos o habilidades cognitivas para detectar a los individuos que no cumplieran con su responsabilidad para con el grupo, o individuos que egoístamente se beneficiaran a costa del bienestar de los demás miembros del grupo, a esto se le conoce como “Cheater-Detection Mechanism”, que en español podría ser traducido como: Mecanismo de detección del tramposo.

Desde esta perspectiva evolutiva se puede explicar porque el individuo de manera automática detecta injusticias perpetuadas por otros individuos en su comunidad (Van Lier, Revlin , & De Neys, 2013). El activismo es, consecuentemente, este espacio creado donde se desempeñan estos mecanismos aprendidos para detectar, comunicar y atender injusticias en los diversos contextos sociales existentes.

Hoy, el ser humano enfrenta problemas y acontecimientos mucho más complejos que en el pasado. Sin embargo, entender los principios básicos que explican porque el ser humano es inherentemente un ser social y está diseñado para detectar injusticias sociales, serán de ayuda para entender mejor el comportamiento del activista.

Por otro lado, existen otras perspectivas para analizar el comportamiento del activista. Una de esas perspectivas es la de las cogniciones sociales. Una cognición social puede ser definida como el producto de los procesos de percepción, memoria e interpretación que los individuos hacen sobre sí mismos y los demás (Hunt, Borgida, & Lavine, 2012). Este concepto explica cómo formamos impresiones y actitudes o como hacemos juicios de tipo social y tomamos decisiones; es decir, las cogniciones sociales repercuten en el comportamiento.

Todo individuo posee su propio conjunto de cogniciones sociales. Debido a la existencia de tanta diversidad es imposible que todos los individuos generen las mismas cogniciones sociales. Por ejemplo, las cogniciones sociales de un individuo que apoya al aborto serán muy diferentes a las cogniciones de un individuo que está en contra del aborto. Por este motivo, es muchas veces difícil llegar a consensos, existen cogniciones sociales que chocaran con otras, siempre.

El individuo fabrica cogniciones sociales sobre diversos temas, como por ejemplo el racismo, la discriminación, los prejuicios y estereotipos, el machismo, la corrupción, la contaminación ambiental, etc. Se mencionan estos ejemplos porque tienen algo en común: todos expresan algún tipo de injusticia, y en la búsqueda de justicia nace el activista.

Con la llegada de las redes sociales, se brinda un espacio para la generación de cogniciones sociales alrededor de un tema. El activismo en las redes sociales se ha convertido un medio importante para los grupos activistas (Velasquez & LaRose, 2015). Al mismo tiempo, aparece el peligro de generar cogniciones sociales basadas en información falsa, pues representan un gran peligro para la sociedad. Por este motivo, es importante comprobar la veracidad de la información en las redes sociales.

Además de la existencia de espacios para la generación de cogniciones sociales, es importante analizar (Brown & Jenny, 2009), el comportamiento del activista desde una perspectiva emocional. La injusticia despierta en el ser humano diversas emociones, como la tristeza, miedo, enojo, ira, indignación, etc. Las emociones tienen un rol fundamental en el activismo, estas serán la gasolina que ponga en marcha a cualquier movimiento social. Por ejemplo, las emociones de enojo y tristeza de una madre por perder a su hija por feminicidio la impulsarán a liderar o participar en eventos activistas para buscar justicia y contribuir con el bienestar de las demás mujeres que podrían tener ese mismo destino. En este sentido, es positivo brindar espacios para validar las emociones del activista y empatizar con el sufrimiento que le causa la injusticia por la cual lucha.

Sin embargo, se requiere cuidado para empatizar con las emociones presentes en acciones de protesta, sobre todo si las acciones del activista son desmedidas y no están reguladas. Si el individuo y su impacto social en los demás miembros que luchan por una causa carecen de regulación emocional podrían hasta perjudicar toda la causa por la cual se protesta. Generando un gran dilema. En cualquier movimiento social, si los comportamientos de protesta observados por el público son considerados extremos, generan un inmediato rechazo del público a apoyarlos (Matthew , Robb , & Chloe , 2020).

Regresando al ejemplo inicial de este artículo. Si el público considera una acción de protesta extrema el incendiar un edificio del gobierno, hacer pintas o golpear un congresista, a pesar de que el activista sea un ser social que busca acabar con una injusticia o tenga las cogniciones sociales más nobles, podría fracasar terriblemente en su objetivo. Por eso, es importante que en cada acción de protesta, el activista sea organizado e influencie en sus pares la autorregulación emocional.

Finalmente, después de analizar el aspecto cognitivo y emocional, se entiende porque nos involucramos en actividades para acabar con las injusticias en los contextos sociales cercanos a nosotros y como en este ejercicio desarrollamos cogniciones sociales.

En esta última sección, se pretende dar a conocer que motivaciones impulsan a la persona a involucrarse en activismo. Por mencionar un ejemplo, un individuo puede pensar que el matrimonio infantil está mal, puede ocasionarle diversas emociones como indignación, enojo o preocupación y saber que se debe hacer algo al respecto. El individuo puede generar muchas opiniones (cogniciones sociales) sobre porqué ocurre esto y cómo se puede solucionar. Pero puede ocurrir que no se involucre en el activismo existente para erradicar este tipo de injusticia a pesar de estar en contra el matrimonio infantil. ¿Por qué no todos los individuos se involucran en eventos activistas?

La PS ofrece diferentes explicaciones, entre ellas tenemos las influencias situacionales. La teoría del efecto del espectador, por ejemplo, es un efecto que ocurre cuando la presencia de otras personas inhibe la prestación de ayuda (Kassin, Fein, & Markus, 2010). Uno supondría que al ver en las noticias que personas con cargos políticos importantes cometen actos de corrupción, siendo las víctimas los propios ciudadanos, las personas se inclinaría a protestar; sin embargo, esta teórica explica que cuando existe la presencia de muchas personas es menos probable que los espectadores brinden ayuda. Así que si en una próxima oportunidad, observas que alguna de tus amistades no compartió contenido en sus redes sociales sobre una reciente injusticia política, no asumas que es indiferente, quizás solo fue el efecto del espectador.

Otra influencia situacional es la de inhibición por presencia de observadores, que puede explicarse como el rechazo a brindar apoyo a una causa por temor a provocar una mala impresión en los observadores (Latané & Darley, 1970). Es la preocupación de ser despreciados o mofados si prestamos ayuda. Quizás este efecto explique porqué muchos de nuestros amigos cercanos varones no participan en eventos activistas que luchan por la erradicación de la violencia contra la mujer. Podrían temer ser rechazados o mofados por otros grupos sociales que no reconocen o entienden el gran problema que es la violencia contra la mujer.

Por último, las influencias personales, las cuales explican quiénes son los individuos que cuentan con predisposición en apoyar un movimiento social. Existe evidencia de que hay diferencias individuales relativamente estables en las predisposiciones a ayudar. Sin embargo, no existe un conjunto de rasgos de “personalidad altruista”. La evidencia sugiere dos cualidades que pueden predecir quiénes son más propensos ayudar, posiblemente involucrándose en eventos activistas, las cuales son las cualidades de empatía y el razonamiento moral avanzado (Hoffman, 2000).

La empatía es la cualidad que tienen las personas de adoptar las opiniones de los demás, esto las haría más propensas a involucrarse en movimientos sociales. Mientras que el razonamiento moral avanzado, es la capacidad del individuo en obedecer estándares morales independientes de controles sociales externos y tomar en cuenta las necesidades de los demás.

La próxima vez que veas a un activista, evite pensar que es un individuo que busca generar problemas, desorden y caos, sino más bien reconocelo como un individuo que es, por naturaleza, un ser altruista con capacidad de empatía, obediente de estándares morales independientes de controles sociales externos y sirviente de las necesidades de los demás.

Existe numerosas teorías y explicaciones más de la PS con respecto al activismo. Sin embargo, este artículo se limita a mencionar brevemente algunas desde la perspectiva cognitiva, emocional y motivacional.

Que este articulo sea de uso para explicar porque el ser humano esta programado para buscar resolver injusticias a su alrededor a través del activismo, como genera ciertas opiniones y pensamientos sobre diferentes temas en contextos sociales determinados, explicar el proceso emocional del activista y como podemos motivar a los demás a involucrarse en movimientos sociales activistas.

“El propósito de la vida humana es servir y mostrar compasión por los demás y la voluntad de ayudarlos” - Albert Schwitzer

Referencias


Brown, G., & Jenny, P. (2009). Space for emotion in the spaces of activism. Emotion, Space and Society, 24–35.

Buss, D. M. (2005). The Handbook of Evolutionary Psychology. New Jersey: John Wiley & Sons.

Hoffman, M. L. (2000). Emphaty and moral development: Implications for caring and justice. Nueva York: Cambrige university.

Hunt, C., Borgida, E., & Lavine, H. (2012). Social Cognition. Encyclopedia of Human Behavior, 456-462.

Kassin, S., Fein, S., & Markus, H. (2010). Psicologia Social. Mexico: Cengage Learning.

Latané, B., & Darley, J. M. (1970). The Unresponsive Bystander: Why Doesn't He Help? Nueva York: Appleton-Century-Crofts.

Lieberman , M. D. (2014). Social: Why Our Brains Are Wired to Connect. New York: Broadway Books.

Matthew , F., Robb , W., & Chloe , K. (2020). The Activist’s Dilemma: Extreme Protest Actions Reduce Popular Support. Journal of Personality and Social Psychology.

Mazumder, S. (2018). The Persistent Effect of U.S. Civil Rights Protests. American Journal of Political Science.

Van Lier, J., Revlin , R., & De Neys, W. (2013). Detecting Cheaters without Thinking: Testing the. PLoS ONE.

Velasquez, A., & LaRose, A. (2015). Social Media for Social Change: Social Media Political Efficacy and Activism in Student Activist Groups. Journal of Broadcasting & Electronic Media, 456-474 .