Bofedales: Ecosistema altoandino en peligro

Redacción: Claudia Grey

Infografía: Treyssi Mantilla



Existe en el Perú cierto ecosistema que aún pasa desapercibido en el conocimiento colectivo del país, éste es el bofedal, que en sí es, un tipo de humedal que abarca una superficie aproximada de 0.42% (548,174.41 ha) del territorio nacional, distribuido en los departamentos de Cajamarca, Piura, La Libertad, Ancash, Lima, Junín, Pasco, Huancavelica, Ayacucho, Apurímac, Arequipa, Cusco, Puno, Moquegua y Tacna (MINAM, 2019). Mientras que en el ámbito internacional se encuentra en países como Chile y Bolivia.

Antes de explayar una definición más concreta de bofedal, se hará referencia a la definición de humedal. En general, el humedal se considera tal, si la napa freática —que es la acumulación de agua subterránea— está sobre, o muy cerca, al nivel del suelo y siempre tiene presencia de vegetación. La alimentación de las napas freáticas dependen de los flujos de agua subterránea, flujos de agua superficiales —es decir, que proviene desde encima del suelo, como la lluvia—, y del intercambio entre la evapotranspiración —siendo ésta la pérdida de humedad de una superficie por evaporación directa junto con la pérdida de agua por transpiración de la vegetación— y precipitación. Debido a ello, enfatizar que el componente fundamental, tanto en los humedales, como en los bofedales, es el agua.

Como mencionado anteriormente, los bofedales son un tipo de humedal. Por ello para que los humedales sean considerados como bofedales deben de cumplir ciertos requisitos (MINAM, 2018):

  • Debe ser andino: El humedal debe estar ubicado en la cordillera de los Andes, es decir, deben estar a más de 3000 msnm.

  • Presenta vegetación hidrófila, los cuales son vegetales que viven arraigados en áreas de agua estancada cuya agua es dulce o salobre —término medio entre la proporción de sal presente en mares y agua dulce como ríos— y de poca profundidad como el manglar.

  • Suelos inundados o saturados de agua

  • Vegetación de porte almohadillado o forma de cojín, por ejemplo, Distichia muscoides —conocida como “champa”—, Oxychloe andina, Werneria pygmaea, Plantago tubulosa, Juncus stipulatus, Puccinellia oresigena, Calamagrostis curvula y Distichlis humilis, entre otras especies.




Términos asociados a los espacios donde hay bofedales: turba y turbera

  • Turba: Es el suelo compuesto de materia orgánica, con un mínimo aproximado del 30% de materia orgánica. Cabe resaltar que uno de los componentes del suelo orgánico es el carbono.

  • Turbera: Es un tipo de humedal que acumula turba de 30–40cm aproximadamente de profundidad en el perfil del suelo. La turbera es un espacio donde se acumula la turba por lo que son importantes reservorios de carbono.

Entonces, ¿qué es un bofedal?

La palabra bofedal u oconal son términos coloquiales, cuyo origen proviene de los pobladores aledaños de la zona andina. Al respecto, el Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM) busca crear una definición técnica oficial sobre este tipo de humedal —conocido como bofedal para la población andina— con el fin de facilitar su reconocimiento.

En general, la importancia de un bofedal consiste en (INAIGEM, 2020):

  • De provisión: Suelo, combustible, forraje, plantas medicinales.

  • De regulación: purificación y regulación del agua, almacenamiento de carbono, regulación climática y protección del suelo.

  • Mantenimiento: formación de turba, biodiversidad, ciclo de nutrientes

  • Culturales: recreación, belleza, turismo.


Aunque la importancia del bofedal varía según la perspectiva de un determinado grupo de personas:

  • Para los pobladores de las zonas altoandinas, el bofedal sirve de forraje para alimentar al ganado.

  • En algunas zonas del Perú, especialmente en las zonas central y sur, se usa el suelo de los bofedales como combustible para cocinar.

  • Para el mundo académico: Almacenamiento de carbono

  • En Parques Nacionales de lugares como Huaraz: Incremento del turismo debido a la belleza paisajística de los bofedales.

  • En general, pero no menos importante, el bofedal es sinónimo de almacén de agua gracias a su capacidad para retener el agua producto del desglaciamiento, y para amortiguar inundaciones o huaicos.

Sin embargo, estos ecosistemas, como muchos otros, se encuentran en un constante estado de vulnerabilidad, bajo las amenazas de variables como el cambio climático que afecta el ciclo del agua; por lo que ciertas zonas contemplan escasez de precipitaciones, como en la sierra sur del Perú. También está la pérdida de agua, afectando especialmente a los pobladores de las zonas altoandinas, por causas como la desglaciación, cambios de flujo de entrada al bofedal para alimentar canales de riego, hidroeléctricas, minas; la construcción de carreteras que cambia la forma en la que circula el agua dentro y hacia el bofedal, o por la creación de canales artificiales que drenan el reservorio hídrico de los bofedales. Por otro lado, otra amenaza es la falta de información que oculta la importancia de su existencia, como ya citado.



De acuerdo a la directora de Investigación en Ecosistemas de Montaña del INAIGEM, Beatriz Fuentealba Durand, durante una entrevista personal, “las actividades económicas que amenazan a los bofedales dependen de la parte del país en la que estés para saber cuál es su amenaza principal”. En ese aspecto, destaca a la minería sobre la actividad ganadera. También nos indicó que como los bofedales están ubicados en zonas planas, justamente el área ideal para el asentamiento de relaves mineros, que en sí la minería, más que una amenaza, atenta de facto contra la existencia del bofedal, que desaparece en su totalidad.


Una amenaza a su destrucción sería la extracción de la vegetación —también conocido localmente como champeo—, la cual es una actividad insostenible con el medio ambiente puesto que consiste en la depredación incontrolada de turba —o champa— para fines comerciales que se vende en viveros, tiendas de jardinería, mercados y supermercados, como abono o tierra orgánica con fines energéticos. Un claro ejemplo de esta situación es Santiago de Carampona —historia de una comunidad campesina ante la venta de turba, bien documentada por OjoPúblico.


Una de las consecuencias de esto es la degradación del ecosistema. Según un estudio del Consorcio para el Desarrollo Sostenible para la Ecorregión Andina (Condesan), se identificó la existencia de aproximadamente 2.637 hectáreas de bofedales degradados en la cuenca de los ríos Chillón, Rímac, Lurín y Mantaro. Mientras que datos de la investigación de Conservación Internacional (CI) publicada el 2018 señalan que las turberas demoran entre 100–200 años en regenerar sus turbas.


Otra de las consecuencias de la extracción es que esta actividad favorece la emisión de gases de efecto invernadero (GEI). “La turba es un elemento que se produce en algunos tipos de humedales. No todos los humedales tiene turba, pero una gran proporción de ellos sí la tiene (…)” (Quijandría, 2020). Como ya se había mencionado previamente, las turbas son grandes depósitos de materia orgánica, por lo que, los humedales en general, tienen dos funciones al respecto, la primera, la liberación de CO2 en grandes cantidades a la atmósfera debido a la disminución de hectáreas de suelo de humedales, lo cual contribuye a la contaminación ambiental y a la emisión de GEI; y la segunda, la absorción y almacenamiento del carbono, lo cual afirmativamente iría en línea como medida de mitigación ante el cambio climático.


Y por último está la actividad ganadera y la construcción de infraestructura. En la ganadería, el impacto negativo dentro de los bofedales, según indica la bióloga Beatriz Fuentealva Durand, depende del tipo de animal que se cría en estos espacios —animales nativos, vacunos, ovinos y équidos. Mientras que por otro lado, con la finalidad de reducir costos en la construcción de carreteras de las zonas altoandinas —los cuales son en su mayoría espacios irregulares—, los proyectos viales se aplanan a propósito y se planifican de manera que atraviesen el bofedal; y para amortiguar el impacto de desgaste por la humedad contenida, los bofedales quedan expuestos a ser secados, afectando así la base misma de su existencia.


Algunas posibles estrategias de recuperación del bofedal podría ser construir diques para tratar de retener el agua y así recuperar el régimen hídrico natural de bofedales, como realizado en un trabajo piloto de la INAIGEM. Aunque en caso de una alteración hídrica muy drástica de bofedales, lo más probable es que el bofedal se degrade definitivamente a pesar de los esfuerzos realizados.


Para la escasez de precipitaciones se podría implementar la qocha —costumbre tradicional de siembra y cosecha de agua mediante represas rústicas—, cuya importancia radica en que asegura la sostenibilidad del recurso hídrico. La qocha es una técnica que ayuda en la conservación de bofedales aunque los resultados no son inmediatos y pueden llevar mínimo un año en ver progreso, como es bien conocido por los habitantes de los departamentos de Arequipa y Cusco.


En caso de alteraciones en la vegetación, por la presencia y pisoteo del ganado excesivo, la alternativa de solución sería excluir al ganado, especialmente de vacunos, puesto que el pisoteo generado por éstos al adentrarse en el fango del bofedal en altas cantidades provocan mucho daño. Viceversa, se podría estimular la ganadería de alpaca, porque sus pisadas ocasionan menos daño, siempre y cuando la cantidad de camélidos sea controlada, y además, porque a más de 4000 msnm una de las pocas actividades económicas disponibles para las familias que habitan allí es la ganadería.


En general, no existe una estrategia de conservación y recuperación de bofedales de parte del Estado, pero sí medidas cuya planificación e implementación dependerá de cada bofedal en el que vaya a desarrollarse.


Después de una exhaustiva investigación, se aprecia que el mayor obstáculo de los bofedales, y humedales en general, está en el marco legal, o mejor dicho, en los vacíos legales. A pesar de que a nivel internacional, el Perú ha ratificado un importante instrumento jurídico, la Convención de Ramsar de 1971, y por el cual el Estado ha definido 13 sitios RAMSAR; a nivel nacional, por el contrario, recién en el año 2018, se promulgó la Ley Marco sobre Cambio Climático cuyo objetivo es implementar medidas de adaptación y mitigación al cambio climático en lineamiento con el compromiso internacional ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, donde dispone en el artículo 3, el enfoque de mitigación y adaptación basada en cuencas hidrográficas, que teóricamente abarca a los humedales.


Aún así, no existe una normativa nacional jurídica que abarque a este ecosistema independientemente. Por lo que, a consecuencia de las lagunas jurídicas, la participación voluntaria de la ciudadanía se ve enormemente restringida. Sin ir muy lejos está el problema de la extracción de vegetación, pues esta actividad no está penada por el Código Penal. Esto quiere decir, que si alguien fallece al intentar de parar la extracción causada por terceros, quien o quienes sean los culpables directos de la muerte quedará impune. Y por más que los pobladores hagan las respectivas denuncias, éstas no surtirán efecto en materia de extracción ilegal de turba.


Al respecto, como un primer paso, existe un proyecto de Resolución Ministerial bajo la jurisdicción del Ministerio del Ambiente (MINAM), prepublicada el 2 de noviembre del 2020, que busca definir las competencias de las autoridades pertinentes a la gestión de humedales y que se espera sirva de instrumento legal aplicable sin diferenciar el tipo de humedal. Sin embargo, una revisión al capítulo II permite entender que existe un problema en las instituciones estatales. En esta sección se menciona a MINAM, Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR), Autoridad Nacional del Agua (ANA), Ministerio de la Producción, Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERNANP), INAIGEM, Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA), Gobiernos Regionales y Gobiernos Locales; es decir, en la gestión de los humedales intervendrían hasta 10 instituciones estatales, cada una con diferentes funciones para cada aspecto de un mismo tipo de ecosistema. Al menos en este proyecto se menciona la creación del Inventario Nacional de Humedales, una lista de actividades prohibidas, como la extracción de turba, en el artículo 30, y el hecho que podría consignarse a la nomativa dentro del marco del ODS 6 (meta 6.6) y ODS 15 (meta 15.1).


A pesar de las grandes dificultades, inconvenientes, discriminación y subestimación de capacidades del ser humano habitante de los Andes, ellos cumplen un rol fundamental como defensores de este ecosistema. En zonas de montaña, la vida no es fácil, hay un marco reducido de actividades económicas que permitan la supervivencia, las temperaturas extremas, la disminución considerable de la población juvenil porque emigra a la zonas urbanas, la necesidad sustancial de los recursos hídricos, los delitos o acciones dañinas generadas por actividades extractivas, constructoras y mineras que no necesariamente están enmarcadas en la legislación peruana y que desmotivan a las personas a tomar acciones en contra de estas por miedo a represalias, por amenazas, y la falta de esperanza, consecuencia de todo ello, por sentir que las cosas nunca cambiarán.


Pero más allá de las zonas rurales, aunque pueda parecer que no hay mucho por hacer por parte de la población urbana no especializada en temas de biología, hidrología, ecología, entre otros, lo que sí es posible es la difusión de conocimiento. Recordar que la venta ilegal de vegetación de bofedales o de turba es un caso de día a día, que se puede evitar adquirir estos productos y exigir buenas prácticas comerciales, entre muchas otras iniciativas que se puedan originar desde cierto eje fundamental: El conocimiento.


Referencias


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